LOS MISTRIOS DE LA LAGUNA ESCONDIDA

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     Fue un día  de enero a eso de las diez de la mañana cuando aquella casa, por así decirlo, me dio  la bienvenida, para ese entonces contaba yo con tan solo cuatro años de edad, era la tercera vez de que nos mudábamos, siempre a principio de año, de  mañana y mi mamá se encargaba de coordinar el traslado.
     Me sentí insegura en ese lugar nuevo y desconocido, claro está que extrañaría a mis amigos, bueno no es que tuviera muchos pero los poco que conocía los consideraba mis amigos. El terreno era un poco fuera de lugar, tanto nuestra nueva casa como las otras cercanas estaban construidas sobre una laja tan larga que cubría sin exagerar como quinientos metros, no entendí como podían crecer los arboles allí.
   creo que fue mi primer encuentro para normal en ese lugar,  aun no entraba a la casa cuando al mirar a mi costado vi algo que me llamo mucho la atención, , era una cayena rosada de gran tamaño que se erguía como única flor en esa planta, la cabeza me dio vueltas pensé que me caería, fueron recuerdo  rápidos que entraron a mi mente como un remolino y que luego se ordenaron, resulta que ya había estado ahí un día antes de la mudanza soñé con la casa y la revise por completa y en el sueño me llamaba la atención esa planta de cayenas con una flor tan particular y sobre una laja, era algo imposible.
 Le dije a mi mamá – ya estuve aquí, yo conozco la casa- era obvio que con el apuro de ordenar las cosas ni me escucho. La casa que dejábamos era de cinc, piso de tierra, dormíamos todos casi juntos y la puerta, una tabla grande que poníamos en las noches. Cuando vi la casa, toda de cinc, piso de cemento, larga calzada, la sala era amplia, tres cuartos uno de ellos se comunicaba por un angosto pasillo, el que daba al patio tenía una ventana muy grande, casi una puerta en donde el sol de la mañana y el viento entraban como musa danzante, bailando, riendo y gritándole a todos –he a pararse que ya amaneció y les espera un día fabuloso.
 El terreno era amplio con árboles frutales, tales como: guayaba, ciruelo criollo, cambur, guanábana, poncigues, mango, guaiqueruco, limón, cundeamor, entre otros, fantástica. Por el fondo todas las casa de la manzana se comunicaban, eso se debía a que en el medio de todas había una laguna que media  más o menos doscientos metros de largo, esa laguna se llenaba en invierno y se secaba en verano pero siempre quedaba un ojo de agua o un poso, este permanecía lleno todo el verano, mis hermanos y yo tomábamos varas muy largas para tocar el fondo y no lo lográbamos.
     Mi hermana milagro y yo guardábamos centavos en un pote de avena y cuando estaba lleno lo cambiábamos en la única bodega que aun aceptaba centavos, era una bodega de madera que atendían dos viejitos amables, cuyo patio trasero  daban a la laguna.  Nos decían -Esa laguna se llenara algún día y no se secara más  porque esa laguna tiene sus dueños, que son los encantados, una especie de duendes del agua que se llevaban a los niños por eso nos aconsejaba  que no cruzáramos por la laguna que era peligroso, aunque estuviera seca. Igual no le hacíamos caso, era más cerca cruzar a  la otra calle y de paso recogíamos ciruelas y cundeamor maduros.
     Serian para los meses de septiembre, cuando la laguna se llenaba por completo  era toda una aventura. Durante la noche soñaba que sus aguas eran claras y podía ver hasta el fondo, nadaba, junto a niños extraños que hablaban con las garzas y peces que hacían vida en la laguna.  Muy de mañana acostumbraba a sentarme en una piedra que quedaba a orilla de la laguna y  que compartía con un niño más o menos de mi edad, que me insistía todo el tiempo que esa piedra era su casa y que si quería podíamos entrar sumergiéndonos en la laguna, le contestaba que mi mamá no me daba permiso y lo que las mamas dice eso era, creí que mi mamá bromeaba cuando le señalaba a mi amigo sentado a orilla de la laguna y decía que no lo veía, que seguramente era mi imaginación.
Una mañana corrí a tratar de atrapar un patico de agua que estaba junto a la piedra donde me sentaba con mi amigo, me subí en la piedra, estire el brazo hacia el agua y cuando ya lo tenía cerca un caimán abrió su gran boca y se tragó al patico. Corrí hacia la casa gritando, cuando llegó mamá y mis hermanos ya el caimán se había sumergido, y no me creyeron. Mi amigo no regreso a sentarse con migo en la piedra pero lo veía en sueños, me decía que le pidiera lo que quisiera que él Me lo daba, no le creía, pero desde ese día comí helado cuando quería ya que solo deseaba tener dinero para helado y algunas veces literalmente, caían del cielo.
     A pesar de que en mi casa convivíamos un grupo numeroso de personas, prefería estar sola, quizá era que no entendían lo que quería expresarle y otra no me creían lo que veía, decían que era una mentirosa. Mis sueños hermosos pasaban a pesadilla, pasaban de jugar en la laguna a huirle a un caimán que me perseguía hacia la casa y siempre  la puerta era muy pequeña para el marco o no  había puerta dejando entrar al caimán y junto con ella la laguna, la cual navegaba todo alrededor.
     La casa daba al frente con una avenida horizontal y otra vertical y ocasionalmente ocurrían accidentes de tránsito que la mayoría de las veces  dejaban víctimas fatales, las cuales  veía pasar caminando sin pegar los pies del suelo por uno de los lados de la casa directo a la laguna. Esas visiones no se las contaba a nadie me podían castigar, después de mayor se las contaba a mi mamá  y mis hermanas y hacían muchos años que nos habíamos mudado de ese lugar.
     Hacia  el frente de la casa estaba una ventana pequeña. Una noche me despertó una especie de murmullo, era mi papa que junto a mi cuñado se acurrucaban detrás de la ventana y después corrieron a sus cuartos. Se trataba de una mujer en tacones, que siempre a la misma hora de la madrugada se le veía venir de frente por la avenida, pasaba hacia el porche de la casa, se detenía en la ventana, daba la vuelta y se iba rumbo a un camino que daba a un terreno montañoso que aún no estaba habitado. La visión se repetía todos los días a la misma hora y mi papá estaba decidido a abrir la ventana cuando la mujer entrara al porche para así, saber si estaba viva o era un espectro. Nunca lo hizo, el miedo lo dominaba al último tiempo y corría a esconderse entre las sabanas.
     A lado de la casa quedaba una bodega, a cuyo dueño le gustaban las peleas de gallo y  viva con su esposa e hijo, este era como cuatro años mayor que yo.  Para esos meses la laguna se había secado y decidí hacer amistad con el niño de la bodega que me contaba sucesos increíbles pero antes me hizo prometer que no le contaría a nadie porque se burlarían y le dirían mentiroso. Uno de esos sucesos se refería a una mujer vestida de novia que se aparecía por las noches en una mata de mango que quedaba al lado de mi casa, también unos perros de gran tamaño que intentaron morderlo una vez que fue a cruzar hacia la otra calle por medio de la laguna y se detuvo a observar el ojo de agua y a lanzarle piedra. Se le aparecieron dos perros pinto que le ladraban,  no dejándole otra acción que lanzarse hacia el poso de agua y cuando grito los perros se esfumaron.
     Me gustaba ir a la bodega de mi amigo por las noches a escuchar un programa de galerón que daban a esa hora en la radio, el lugar olía a pan, el padre de mi amigo era muy amable, no opinaba igual de su mamá que constantemente me decía que tenía que peinarme y recogerme el cabello. Le agarré miedo y cuando sabía que estaba despachando en la bodega no me acercaba.
Un día me lleve un susto, creo que el más grande que he sentido en lo que tengo de vida. Iba a la bodega a comprar una papeleta de café, cuando me acercaba a la bodega me llamo la atención una niña que me pareció conocida, esta volteo la cara para mirarme fijamente a la a los ojos, fue en ese momento cuando entendí, que esa niña era yo me quede paralizada, esa niña que tomaba mi lugar paso a mi lado se rio de una forma macabra y me enseño burlonamente una papeleta de café que llevaba en la mano dirigiéndose a mi casa, cuando mire mi mano no tenía el dinero que me dieron para la compra. Tardé  un buen rato en reponerme, de regreso  fui a la cocina, mi mamá me pregunto que si me sentía mal.
     Ese día lo pase temblando de fiebre, al otro día desperté frente a la puerta trasera de la casa mirando hacia la laguna. Era muy temprano en la mañana y mi madre se acababa de levantar, me pregunto que miraba, le dije que nada, ya que no me creería pero a esa hora estaban un grupo de niños nadando, jugando y llevaban una especie de velero, le llamaban pidiéndome que subiera. Era como un sueño, si mamá no se  hubiese levantado a tiempo, fuese bajado a la laguna y quizá habria desaparecido.
 Después de muchos años comprendí, que el otro niño desaparecido que sus padres relacionaban con tráfico de o de órganos, simplemente se los había tragado la laguna.
 Hace unos años pase por el lugar, y como decían aquello viejos sabios, se llenó la laguna y no se secó más. En las casas que lideran con la laguna se prohíbe salir al patio después de las seis de la tarde y se cierran las puertas traseras, si a alguna persona se le olvida recoger la ropa que lavo la consigue en la mañana en el suelo, sucia o rota. Y a mi parecer la laguna está muriendo, sus aguas se han cubierto plantas acuáticas y no tiene peces, ni tortugas, pero aun es visitada por las garzas.

     Pocas personas saben que justo en la comunidad de las parcelas del roble existe una laguna misteriosa y escondida.

ENCUENTRO CON LOS NIÑOS DE OJOS NEGROS

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Esta historia se ubica en un lugar llamado uberito, que no es más que un sembradío de pinos para la extracción de madera  queda en Maturín el estado Monagas, Venezuela. Hace dos años en el mes de febrero nos dirigíamos a casa de mi hermana, y de ahí  asistiríamos a las fiestas de carnaval que son las mejores del país en lo que a comparsa se refiere. Serian como las diez de la mañana que el autobús hizo parada obligatoria en un pequeño restaurante. Al bajarnos notamos un grupo de personas auxiliando a dos hombres, uno más o menos cuarentón y el otro un muchacho veinteañero.
 Los que iban en el auto bus trataron de ignorar lo sucedido yo en cambio después de comprar pan dulce y  jugo para mis niños me acerqué a ver lo que sucedía. El hombre cuarentón me relato una historia extraña que no sabía que pasara en estos lugares de Venezuela. Su relato comienza cuando salieron del pueblo de santa rosa en busca de hojas pino para sacar resina, la cual vendían a micro empresarios que fabrican detergentes líquidos.
 Ellos se adentran en el bosque de pino al llenar el camión de ramas de pino se disponen a marcharse, al darle de retro al camión sienten como si pisan algo como un animal, es por eso que se detienen, cuando van a salir del carro, observan que se les acerca un hombre y una mujer vociferando, al principio no le entendía  al bajarse y ver lo que habían pisado se dieron cuenta que habían pisado un niño más o menos de ocho años.- Sentí que se me venía el mundo encima ellos sacaron al niño  colocándolo a un lado del camión  y los dos lo rodearon y lloraban junto, mi compañero estaba mudo y pálido por  lo sucedido, yo les decía que no había visto al niño en el lugar, ellos nos contaron que recogían leña para el fogón de su casa y para vender y en un descuido se les había perdido el niño y comenzaron a buscarlo y que lo vieron cuando corrió hacia el carro.
La historia  que me contaban era dudosa, desde el lugar donde estábamos a un pueblo cercano solo se llegaba en vehículo y eran las diez de la mañana. Les pedí que subieran con el niño a la parte de atrás del camión para llevarlo a un hospital más cercano. Al intentar acercarme al infante la mujer lo cubrió con una manta y no me permitió verlo, me pidieron que pusiera el niño atrás en el camión con mi compañero y ellos me acompañaban en la parte delantera del camión, rara petición me aprecio. Está bien accedí. Durante el tiempo que ocurrió en suceso los padres se mantuvieron de rodillas alrededor del infante.
Había un cambio radical en el ambiente, los pájaros no hacían ruido, a pesar que hacia una mañana fresca el viento como que se detuvo. Mi compañero se dispuso ayudar a la mujer con el niño y al mirarla a la cara note que se paralizo y el color de su rostro palideció como el color del papel, si había algo que deje pasar fue que las dos personas no mostraron sus rostros, siempre se mantuvieron esquivos y con la cabeza agacha. Corrí para sostener a mi compañero que hizo como a desmayarse y fui cuando les vi a la cara, eran tan jóvenes como adolescentes y sus ojos completamente negros, sentí que el corazón se me salía, se me desmayaban las piernas, me paso por la mente las historias de horror que de pequeño nos contaban mis abuelos.
 Reaccione, tome a mi compañero por el brazo y corrí al carro y acordándome de los consejos de mi madre, comencé a rezar el padre nuestro el cual repetí varias veces. Los  arboles de pino hacían como a caerse del fuerte viento que los azotaba Tanto el hombre como la mujer se levantaron y en un movimiento rápido como cuando aceleras un video con esa misma rapidez se alejaron a lo profundo del bosque mientras vociferaban en un lenguaje que no había escuchado. Cuando se fueron dejo de ventear y corrí a recoger al niño que dejaron envuelto en el suelo, lo destape y era solo un rabí pelado muerto, no era un niño.

 Subí   a mi compañero en el carro y Salí lo mas rápido posible del lugar, me detuve aquí para que auxiliaran a mi compañero ya que tiembla de la fiebre.- el señor estaba calmado pero el otro parecía muy afectado. Retornamos el camino le pregunte a mi papa si creía esa historia y me dijo que durante su tiempo de joven cuando vivía en el pueblo de Areo en el mismo Monagas había vivido momentos extraños y que supo de personas que si ningún motivo aparecían ahorcados en los fondos en los que sembraban. Se podría decir que sin motivo alguno, se comentaba que el mal recorría esos lugares buscando almas inocentes.- al escuchar a mi padre sentí mido de esos sucesos extraños y de lo vulnerable podíamos ser.