Aun puedo recordar a mi padre contándonos aquellas historias acerca de unas personas que el conoció cuando niño, y que sabían cuando seria el momento de su muerte. Esas personas, según nos relataba, oían tres campanadas, que ocurrían en el transcurso del día o la noche, dándole tiempo a despedirse y realizar lo último que fuere aquí en la tierra. Al parecer para poseer ese conocimiento debían rezar una oración, que mi papá desconocía.
Mi mamá me relato, que mi abuela le contó, que el día en que su mamá murió, la noto triste e inquieta, y esta le pidió que fuera a un pueblo cercano y le comprara carne de chivo, pues se le antojaba un guiso de ese animal. Mamá para conseguirlo debió correr de un pueblo a otro ya que presentía que algo no estaba bien. Aun no lo sabia pero le estaba cumplió su ultimo deseo, pues horas más tarde cuando empezaba a caer la noche murió su mamá, mi abuela.
La verdad es que me parecían tan fantásticas esas historias, que
dude de su veracidad. Ahora la vida me enseña, que hay cosas más allá de lo que
vemos, que nos rodean y a veces nos abrazan sin que lo notemos.
Les contare una experiencia tan real que ni yo misma quisiera
haberla vivido. Esto me pasó cuando esperaba una consulta con el médico. Para
ese tiempo estaba embarazada de mi última hija. Sentada frente al consultorio esperando,
escucho la conversación de dos mujeres con una edad de entre 50 y 56 años,
estas estaban sentadas justo enfrente
mío. El pasillo de espera estaba concurrido con pacientes que se dirigían a
otros consultorios. Una de las mujeres saco un péndulo y comenzó a agitarlo tratando
de que no la vieran, me hice la desentendida pero de pronto oí una fuerte
explosión, como si golpearan un Gong cerca de mi oído. Las ondas sonoras fueron
tan fuerte que sentí que todo a mí alrededor se sacudía, mire a las otras personas
y actuaban normal, como si no notaron lo que paso. Escuche que las dos mujeres
se comentaban el sonido ocurrido. Trate de ocultar mi perturbación y entendí
que las mujeres eran practicantes de brujería, al lado de ellas se formaba la
figura translucida de un viejito. Ellas no lo notaron.
En ese momento llego
mi turno y entre con el médico. Cuando salí del consultorio pase junto a las
mujeres y el anciano me miro, supo que
lo podía ver. Al caminar casi me caigo de los temblores que sentía en mis
piernas. La mirada del anciano fue tan penetrante que sentí que se me helaba el
cuerpo.
Pasaron los años y olvide el suceso, hasta que un día estaba
en una parada esperando el bus, cuando de repente escuché como que golpearon
una olla de acero que deja ondas que se van expandiendo en el aire. No le di
importancia, dos días después en esa parada un motorizado disparo contra las
personas que esperaban el bus, varios murieron y otros resultaron heridos. Me
pareció casualidad, luego de visita en casa de mi suegra escuche el sonido y
como muchas personas hablando al mismo tiempo, trate de ignorarlo, es que mi
suegra estaba totalmente sana. Al otro día, murió de manera repentina.
Pasado unos meses fui
a visitar a mi papá y escuché el mismo sonido y aunque él estaba sano sabía que
era la hora. A los dos días le dio un derrame cerebral y murió. Ya hacían dos
años que no escuchaba el sonido, pero hace cuatro meses entre en casa de un
vecino y escuche un sonido tan hermoso como de muchas campanas a la vez, y mi
vecino murió una semana más tarde.
No sé quiénes eran esa mujeres que encontré en frente del
consultorio, si lo hicieron adrede, si estaban en mi destino, lo que si se, es
que es perturbador saber que va a morir una persona, más cuando es amigo,
familia o tú mismo….nunca me intereso saber el momento de mi muerte. La idea me
asusta.
